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                          Míster Taylor [Cuento] Augusto Monterroso




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                          -Menos rara, aunque sin duda más ejemplar -dijo entonces el otro-, es la historia de Mr. Percy Taylor, cazador de cabezas en la selva amazónica.
                          Se sabe que en 1937 salió de Boston, Massachusetts, en donde había pulido su espíritu hasta el extremo de no tener un centavo. En 1944 aparece por primera vez en América del Sur, en la región del Amazonas, conviviendo con los indígenas de una tribu cuyo nombre no hace falta recordar.
                          Por sus ojeras y su aspecto famélico pronto llegó a ser conocido allí como "el gringo pobre", y los niños de la escuela hasta lo señalaban con el dedo y le tiraban piedras cuando pasaba con su barba brillante bajo el dorado sol tropical. Pero esto no afligía la humilde condición de Mr. Taylor porque había leído en el primer tomo de las Obras Completas de William G. Knight que si no se siente envidia de los ricos la pobreza no deshonra.
                          En pocas semanas los naturales se acostumbraron a él y a su ropa extravagante. Además, como tenía los ojos azules y un vago acento extranjero, el Presidente y el Ministro de Relaciones Exteriores lo trataban con singular respeto, temerosos de provocar incidentes internacionales.
                          Tan pobre y mísero estaba, que cierto día se internó en la selva en busca de hierbas para alimentarse. Había caminado cosa de varios metros sin atreverse a volver el rostro, cuando por pura casualidad vio a través de la maleza dos ojos indígenas que lo observaban decididamente. Un largo estremecimiento recorrió la sensitiva espalda de Mr. Taylor. Pero Mr. Taylor, intrépido, arrostró el peligro y siguió su camino silbando como si nada hubiera pasado.
                          De un salto (que no hay para qué llamar felino) el nativo se le puso enfrente y exclamó:
                          -Buy head? Money, money.
                          A pesar de que el inglés no podía ser peor, Mr. Taylor, algo indispuesto, sacó en claro que el indígena le ofrecía en venta una cabeza de hombre, curiosamente reducida, que traía en la mano.
                          Es innecesario decir que Mr. Taylor no estaba en capacidad de comprarla; pero como aparentó no comprender, el indio se sintió terriblemente disminuido por no hablar bien el inglés, y se la regaló pidiéndole disculpas.
                          Grande fue el regocijo con que Mr. Taylor regresó a su choza. Esa noche, acostado boca arriba sobre la precaria estera de palma que le servía de lecho, interrumpido tan solo por el zumbar de las moscas acaloradas que revoloteaban en torno haciéndose obscenamente el amor, Mr. Taylor contempló con deleite durante un buen rato su curiosa adquisición. El mayor goce estético lo extraía de contar, uno por uno, los pelos de la barba y el bigote, y de ver de frente el par de ojillos entre irónicos que parecían sonreírle agradecidos por aquella deferencia.
                          Hombre de vasta cultura, Mr. Taylor solía entregarse a la contemplación; pero esta vez en seguida se aburrió de sus reflexiones filosóficas y dispuso obsequiar la cabeza a un tío suyo, Mr. Rolston, residente en Nueva York, quien desde la más tierna infancia había revelado una fuerte inclinación por las manifestaciones culturales de los pueblos hispanoamericanos.
                          Pocos días después el tío de Mr. Taylor le pidió -previa indagación sobre el estado de su importante salud- que por favor lo complaciera con cinco más. Mr. Taylor accedió gustoso al capricho de Mr. Rolston y -no se sabe de qué modo- a vuelta de correo "tenía mucho agrado en satisfacer sus deseos". Muy reconocido, Mr. Rolston le solicitó otras diez. Mr. Taylor se sintió "halagadísimo de poder servirlo". Pero cuando pasado un mes aquél le rogó el envío de veinte, Mr. Taylor, hombre rudo y barbado pero de refinada sensibilidad artística, tuvo el presentimiento de que el hermano de su madre estaba haciendo negocio con ellas.
                          Bueno, si lo quieren saber, así era. Con toda franqueza, Mr. Rolston se lo dio a entender en una inspirada carta cuyos términos resueltamente comerciales hicieron vibrar como nunca las cuerdas del sensible espíritu de Mr. Taylor.
                          De inmediato concertaron una sociedad en la que Mr. Taylor se comprometía a obtener y remitir cabezas humanas reducidas en escala industrial, en tanto que Mr. Rolston las vendería lo mejor que pudiera en su país.
                          Los primeros días hubo algunas molestas dificultades con ciertos tipos del lugar. Pero Mr. Taylor, que en Boston había logrado las mejores notas con un ensayo sobre Joseph Henry Silliman, se reveló como político y obtuvo de las autoridades no sólo el permiso necesario para exportar, sino, además, una concesión exclusiva por noventa y nueve años. Escaso trabajo le costó convencer al guerrero Ejecutivo y a los brujos Legislativos de que aquel paso patriótico enriquecería en corto tiempo a la comunidad, y de que luego luego estarían todos los sedientos aborígenes en posibilidad de beber (cada vez que hicieran una pausa en la recolección de cabezas) de beber un refresco bien frío, cuya fórmula mágica él mismo proporcionaría.
                          Cuando los miembros de la Cámara, después de un breve pero luminoso esfuerzo intelectual, se dieron cuenta de tales ventajas, sintieron hervir su amor a la patria y en tres días promulgaron un decreto exigiendo al pueblo que acelerara la producción de cabezas reducidas.
                          Contados meses más tarde, en el país de Mr. Taylor las cabezas alcanzaron aquella popularidad que todos recordamos. Al principio eran privilegio de las familias más pudientes; pero la democracia es la democracia y, nadie lo va a negar, en cuestión de semanas pudieron adquirirlas hasta los mismos maestros de escuela.
                          Un hogar sin su correspondiente cabeza teníase por un hogar fracasado. Pronto vinieron los coleccionistas y, con ellos, las contradicciones: poseer diecisiete cabezas llegó a ser considerado de mal gusto; pero era distinguido tener once. Se vulgarizaron tanto que los verdaderos elegantes fueron perdiendo interés y ya sólo por excepción adquirían alguna, si presentaba cualquier particularidad que la salvara de lo vulgar. Una, muy rara, con bigotes prusianos, que perteneciera en vida a un general bastante condecorado, fue obsequiada al Instituto Danfeller, el que a su vez donó, como de rayo, tres y medio millones de dólares para impulsar el desenvolvimiento de aquella manifestación cultural, tan excitante, de los pueblos hispanoamericanos.
                          Mientras tanto, la tribu había progresado en tal forma que ya contaba con una veredita alrededor del Palacio Legislativo. Por esa alegre veredita paseaban los domingos y el Día de la Independencia los miembros del Congreso, carraspeando, luciendo sus plumas, muy serios, riéndose, en las bicicletas que les había obsequiado la Compañía.
                          Pero, ¿que quieren? No todos los tiempos son buenos. Cuando menos lo esperaban se presentó la primera escasez de cabezas.
                          Entonces comenzó lo más alegre de la fiesta.
                          Las meras defunciones resultaron ya insuficientes. El Ministro de Salud Pública se sintió sincero, y una noche caliginosa, con la luz apagada, después de acariciarle un ratito el pecho como por no dejar, le confesó a su mujer que se consideraba incapaz de elevar la mortalidad a un nivel grato a los intereses de la Compañía, a lo que ella le contestó que no se preocupara, que ya vería cómo todo iba a salir bien, y que mejor se durmieran.
                          Para compensar esa deficiencia administrativa fue indispensable tomar medidas heroicas y se estableció la pena de muerte en forma rigurosa.
                          Los juristas se consultaron unos a otros y elevaron a la categoría de delito, penado con la horca o el fusilamiento, según su gravedad, hasta la falta más nimia.
                          Incluso las simples equivocaciones pasaron a ser hechos delictuosos. Ejemplo: si en una conversación banal, alguien, por puro descuido, decía "Hace mucho calor", y posteriormente podía comprobársele, termómetro en mano, que en realidad el calor no era para tanto, se le cobraba un pequeño impuesto y era pasado ahí mismo por las armas, correspondiendo la cabeza a la Compañía y, justo es decirlo, el tronco y las extremidades a los dolientes.
                          La legislación sobre las enfermedades ganó inmediata resonancia y fue muy comentada por el Cuerpo Diplomático y por las Cancillerías de potencias amigas.
                          De acuerdo con esa memorable legislación, a los enfermos graves se les concedían veinticuatro horas para poner en orden sus papeles y morirse; pero si en este tiempo tenían suerte y lograban contagiar a la familia, obtenían tantos plazos de un mes como parientes fueran contaminados. Las víctimas de enfermedades leves y los simplemente indispuestos merecían el desprecio de la patria y, en la calle, cualquiera podía escupirle el rostro. Por primera vez en la historia fue reconocida la importancia de los médicos (hubo varios candidatos al premio Nóbel) que no curaban a nadie. Fallecer se convirtió en ejemplo del más exaltado patriotismo, no sólo en el orden nacional, sino en el más glorioso, en el continental.
                          Con el empuje que alcanzaron otras industrias subsidiarias (la de ataúdes, en primer término, que floreció con la asistencia técnica de la Compañía) el país entró, como se dice, en un periodo de gran auge económico. Este impulso fue particularmente comprobable en una nueva veredita florida, por la que paseaban, envueltas en la melancolía de las doradas tardes de otoño, las señoras de los diputados, cuyas lindas cabecitas decían que sí, que sí, que todo estaba bien, cuando algún periodista solícito, desde el otro lado, las saludaba sonriente sacándose el sombrero.
                          Al margen recordaré que uno de estos periodistas, quien en cierta ocasión emitió un lluvioso estornudo que no pudo justificar, fue acusado de extremista y llevado al paredón de fusilamiento. Sólo después de su abnegado fin los académicos de la lengua reconocieron que ese periodista era una de las más grandes cabezas del país; pero una vez reducida quedó tan bien que ni siquiera se notaba la diferencia.
                          ¿Y Mr. Taylor? Para ese tiempo ya había sido designado consejero particular del Presidente Constitucional. Ahora, y como ejemplo de lo que puede el esfuerzo individual, contaba los miles por miles; mas esto no le quitaba el sueño porque había leído en el último tomo de las Obras completas de William G. Knight que ser millonario no deshonra si no se desprecia a los pobres.
                          Creo que con ésta será la segunda vez que diga que no todos los tiempos son buenos. Dada la prosperidad del negocio llegó un momento en que del vecindario sólo iban quedando ya las autoridades y sus señoras y los periodistas y sus señoras. Sin mucho esfuerzo, el cerebro de Mr. Taylor discurrió que el único remedio posible era fomentar la guerra con las tribus vecinas. ¿Por qué no? El progreso.
                          Con la ayuda de unos cañoncitos, la primera tribu fue limpiamente descabezada en escasos tres meses. Mr. Taylor saboreó la gloria de extender sus dominios. Luego vino la segunda; después la tercera y la cuarta y la quinta. El progreso se extendió con tanta rapidez que llegó la hora en que, por más esfuerzos que realizaron los técnicos, no fue posible encontrar tribus vecinas a quienes hacer la guerra.
                          Fue el principio del fin.
                          Las vereditas empezaron a languidecer. Sólo de vez en cuando se veía transitar por ellas a alguna señora, a algún poeta laureado con su libro bajo el brazo. La maleza, de nuevo, se apoderó de las dos, haciendo difícil y espinoso el delicado paso de las damas. Con las cabezas, escasearon las bicicletas y casi desaparecieron del todo los alegres saludos optimistas.
                          El fabricante de ataúdes estaba más triste y fúnebre que nunca. Y todos sentían como si acabaran de recordar de un grato sueño, de ese sueño formidable en que tú te encuentras una bolsa repleta de monedas de oro y la pones debajo de la almohada y sigues durmiendo y al día siguiente muy temprano, al despertar, la buscas y te hallas con el vacío.
                          Sin embargo, penosamente, el negocio seguía sosteniéndose. Pero ya se dormía con dificultad, por el temor a amanecer exportado.
                          En la patria de Mr. Taylor, por supuesto, la demanda era cada vez mayor. Diariamente aparecían nuevos inventos, pero en el fondo nadie creía en ellos y todos exigían las cabecitas hispanoamericanas.

                          Fue para la última crisis. Mr. Rolston, desesperado, pedía y pedía más cabezas. A pesar de que las acciones de la Compañía sufrieron un brusco descenso, Mr. Rolston estaba convencido de que su sobrino haría algo que lo sacara de aquella situación.
                          Los embarques, antes diarios, disminuyeron a uno por mes, ya con cualquier cosa, con cabezas de niño, de señoras, de diputados.
                          De repente cesaron del todo.
                          Un viernes áspero y gris, de vuelta de la Bolsa, aturdido aún por la gritería y por el lamentable espectáculo de pánico que daban sus amigos, Mr. Rolston se decidió a saltar por la ventana (en vez de usar el revólver, cuyo ruido lo hubiera llenado de terror) cuando al abrir un paquete del correo se encontró con la cabecita de Mr. Taylor, que le sonreía desde lejos, desde el fiero Amazonas, con una sonrisa falsa de niño que parecía decir: "Perdón, perdón, no lo vuelvo a hacer."
                          FIN
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                          Titulo y autor -Míster Taylor[Cuento. Texto completo]
                          Augusto Monterroso
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                          Wikipedia -
                          1. Augusto Monterroso - Wikipedia, la enciclopedia libre

                            es.wikipedia.org/wiki/Augusto_Monterroso
                            Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921 – México, D. F., 7 de febrero de 2003), escritor hispanoamericano, conocido por sus colecciones ...
                          2. CVC. Augusto Monterroso.

                            cvc.cervantes.es/actcult/monterroso/
                            Recorrido por la vida y la obra de Augusto Monterroso, el escritor polifacético guatemalteco, máximo representante del microrrelato en español. Desde las ...
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                          3. CVC. Augusto Monterroso. Biografía

                            cvc.cervantes.es/actcult/monterroso/biografia.htm
                            Augusto Monterroso Bonilla nació el 21 de diciembre de 1921 en Tegucigalpa. Hijo de la hondureña Amelia Bonilla y del guatemalteco Vicente Monterroso, ...
                          4. Imágenes de Augusto Monterroso

                             - Informar sobre las imágenes
                          5. Cuentos de Augusto Monterroso - Biblioteca Digital Ciudad Seva

                            www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/monte/am.htm
                            Augusto Monterroso Guatemalteco: 1921-2003. Cuentos Textos electrónicos completos. Aforismos · Caballo imaginando a Dios · Cómo acercarse a las fábulas ...
                          6. Augusto Monterroso - Bibliotecas Virtuales

                            www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/.../monterroso/index.asp
                            Augusto Monterroso es un escritor guatemalteco que nació en Tegucigalpa, capital de Honduras y desde 1944 fijó su residencia habitual en México, país al que ...
                          7. Cuentos y fábulas de Augusto Monterroso

                            es.scribd.com/.../3756410-Cuentos-y-fabulas-de-Augusto-Monterros...
                            1 Jul 2008 – Una selección (de orden aleatorio) de fábulas y cuentos de Augusto Monterroso. by IsraelProfedelengua in Education-Course-Material.


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                          Si te ha gustado lo mejor que debes hacer es ir a su blog/pagina.*****En mi blog no puedes dejar comentarios , pero si en el del autor. ********HA ENTRADO EN el BLOG/ARCHIVO de VRedondoF. Soy un EMPRESARIO JUBILADO que me limito al ARCHIVO de lo que me voy encontrando "EN LA NUBE" y me parece interesante. Lo intento hacer de una forma ordenada/organizada mediante los blogs gratuitos de Blogger. Utilizo el sistema COPIAR/PEGAR, luego lo archivo. ( Solo lo INTERESANTE según mi criterio). Tengo una serie de familiares/ amigos/ conocidos (yo le llamo "LA PEÑA") que me animan a que se los archive para leerlo ellos después. Los artículos que COPIO Y PEGO EN MI ARCHIVO o RECOPILACIÓN (cada uno que le llame como quiera) , contienen opiniones con las que yo puedo o no, estar de acuerdo. ******** Cuando incorporo MI OPINIÓN, la identifico CLARAMENTE, con la única pretensión de DIFERENCIARLA del articulo original. ***** Mi correo electrónico es vredondof (arroba) gmail.com por si quieres que publique algo o hacer algún comentario.***** Por favor! Si te ha molestado el que yo haya publicado algún artículo o fotografía tuya, ponte en contacto conmigo (vredondof - arroba - gmail.com ) para solucionarlo o retirarlo 
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                          Sobre lenguaje y sexismo






                          Antes de entrar, bisturí en mano, a retocar y recomponer el idioma a nuestra satisfacción y con cierta pretensión de omnipotencia (la que solemos adoptar como pequeños demócratas en tanto “usuarios con derechos” en casi todas las actividades donde nos dejan figurar), quizá deberíamos sospechar al menos que cosas tan antiguas y tan importantes como la lengua puede que escondan en su seno, en su estructura, su propia coherencia y consistencia. Una estructura tan compleja y tan esencial en la configuración primigenia e histórica de eso que hemos dado en llamar la Humanidad, con potentes anclajes arcánicos y genéticos pre-natales[1], no debería ser manipulada así como así, por ninguna decisión de grupo de presión, de comité, académica o gubernamental. Como sabemos por tristes y malhadadas experiencias que tampoco se puede alterar a capricho o por momentánea conveniencia el equilibrio biológico de un ecosistema, o sea el manoseado tema de la introducción de zorros contra conejos, la repoblación lucrativa de eucaliptos, o la invasión descontrolada del cangrejo de río.

                          Se trata, según mi parecer, de buscar las leyes lógicas que uno pensaría que deben de funcionar de modo autónomo en una estructura tan profundamente anclada en nuestro funcionamiento pensante, tan compleja, y en el fondo tan difícil de manipular como es la lengua, antes que sospechar que se ha dejado manejar por intereses machistas o de cualquier otro tipo.

                          Así, yendo a la cuestión, me atrevo a plantear que quizá la tan discutida norma de que en español, “en los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos” [2], puede que tenga su razón de ser dentro de la estructura interna de nuestra lengua, más allá de la influencia o imposición de una lógica, una moral y una estética patriarcal que, indudablemente, ha existido y aún existe en nuestra sociedad.

                          Lo femenino como categoría
                          Es evidente que al hablar, en nuestro cerebro se establecen oposiciones significativas a diferentes niveles de abstracción. En un nivel previo a la necesidad de diferenciación de la identidad sexual, superior al uso de los sujetos particulares, e incluso del verbo, de la acción, tal vez esté dispuesto desde tiempos inmemoriales que aquello que corresponde al establecimiento de la categoría, al concepto global, tendría el género femenino como norma, en tanto que lo particular, lo concreto, lo específico (el espécimen) de cualquiera de estas categorías se expresaría de forma aún indefinida en género masculino. Algo así como la distinción que podríamos percibir entre la línea/el trazo, la acción/el gesto, la facción/el rasgo.

                          Esta ley (que planteo como hipótesis) se puede observar en un altamente significativo número de casos. Es muy visible con respecto al femenino como asunción de la categoría abstracta. Incluye prácticamente todas las Ciencias clásicas y no tan clásicas, así como sus múltiples ramas: la física (la mecánica, la termodinámica, la f. cuántica, la astronomía…), la biología (la citología, la histología, la anatomía, la bioquímica, la fisiología…), la filosofía, la retórica, la geografía, la matemática, la química, la medicina, la geología, la antropología, la economía… Hasta las más modernas: la numismática, la egiptología, la estadística, la epistemología, la genética, la informática… Las Artes: la poesía, la música, la pintura, la arquitectura, la literatura, la escultura, la dramática o dramaturgia (el teatro es el lugar donde se desarrolla), la retórica, la fotografía, la cinematografía… Las emociones humanas (incluidos los clásicos pecados y las virtudes: la envidia, la lujuria, la ira… la prudencia, la justicia, la templanza…), la esperanza, la tristeza, la paciencia, la angustia, la melancolía, la vergüenza, la apatía, la serenidad, la camaradería… Estados: la sencillez (y la mayoría de las acabadas en –EZ), la dificultad (y todas las acabadas en –TAD), la normalidad (y las más de mil acabadas en –DAD), la villanía (y las más de 1.700 acabadas en ÍA o en -IA), la pericia (y todas las acabadas en –ICIA), la absurdez, la rigidez, la grandeza (y las más de 400 acabadas en –EZ o en –EZA), la abstinencia (y todas las 400 acabadas en –ENCIA)…
                          Instituciones políticas y sociales y formas de gobierno: la aristocracia, la monarquía, la república, la anarquía, la democracia…, la sanidad, la educación (la instrucción, la enseñanza, la didáctica, la pedagogía, la docencia, la tutoría…), la banca, la religión, la legislación, la judicatura, la policía… Las 721 terminados en –ERÍA, es decir, nombres abstractos de abundancia, cualidad, conjunto o lugar donde está se hace o se vende una cosa: palabrería, galantería, sillería, conserjería, cafetería (y todos los establecimientos públicos: zapatería, carpintería…) Los nombres de acción terminados en el sufijo –IÓN (2.600): la cicatrización, la consolidación, la retroalimentación, la penalización, la composición, la estabilización… Entre ellos los términos de dignidad o cargo, designando impersonalmente a quienes los desempeñan: la inspección, la representación, la dirección, la legación; o lugar donde se realiza determinada actividad: la fundición…

                          En fin, sería interminable. Pero todas con esa característica común de ser estamentos, ámbitos, estados, elementos contenedores, y de forma global, impersonal, no particularizada.

                          Lo masculino como agente
                          El orden de prevalencia de estas dos formas de conceptualización no nos importa; tal vez haya sido en los orígenes al revés, primero el agente, después la categoría. O quizá, como dice la Biblia para el comienzo del mundo, en el principio fue el verbo. Seguramente: la acción pura. Tanto en  la vida como en el lenguaje. De cualquier modo, para nuestro entendimiento:

                          • 1º) A partir del establecimiento de las ideas-categorías, situadas de forma estructural en una escala conceptual superior, y definidas precisamente en cuanto tales por ese género femenino, intemporal, abstracto, el continente, por así decir (la infancia, la niñez, la pubertad, la adolescencia, la mocedad, la juventud, la adultez, la madurez, la vejez, la ancianidad, la senectud, la longevidad…),

                          • 2º) podemos particularizar el agente, la clase, nombrar al individuo inespecífico, referirnos todavía genéricamente (nunca mejor dicho) al ente global emanado de cada categoría, y lo hacemos utilizando por defecto el género masculino (el infante, el niño, el púber, el adolescente, el mozo, el joven, el adulto, el maduro, el viejo, el anciano, el sene, el longevo…),

                          • 3º) a no ser que nos queramos referir de forma específica a un o unos niños o a una o unas niñas como actores concretos, en un nivel de abstracción más bajo, donde ya es necesario utilizar los géneros de identificación sexual.

                          De tal manera que en el grado de las categorías tenemos el continente (ej.: necesitamos leyes para la protección integral de la niñez), y el contenido global (ej.: debemos denunciar toda vulneración de los derechos del niño). En este nivel el sujeto puede ir también en plural, sin perder por ello ese grado de abstracción (ej.: el derecho a la educación de los niños). En el funcionamiento de nuestro logos, para hablar, seguramente necesitamos este tipo de organización psicolingüística, este tipo de operación mental, sencilla y rápida, para establecer hechos genéricos, no particulares: lo femenino para el continente, el estado; lo masculino para el contenido, el ser.

                          Después, cuando necesitamos especificar si se trata de niños o niñas, es decir, para los casos particulares, en un menor grado de abstracción, tenemos a nuestra disposición los géneros (ej.: las niñas afganas están ávidas de educación), tanto en artículos, como en sustantivos y adjetivos. Aunque, por la norma anterior, para el masculino hay que especificar para no confundir el caso concreto con la categoría (ej.: la ley del más fuerte importa más a los niños varones).

                          El continente y el contenido
                          Todo lo cual concuerda de manera precisa y preciosa con el reparto de cualidades y características que observamos en el universo de lo fenomenológico, en el mundo real, curiosamente compuesto desde sus más pequeños y fundamentales elementos constitutivos (átomos) por dos fuerzas que se oponen y se complementan: el – y el +, lo femenino y lo masculino (donde los sexos son sólo un exponente más), el yin y el yang de la filosofía oriental, la tesis y la antítesis de la occidental. Lo femenino es receptivo, abierto, ilimitado; lo masculino activo, definido, concreto…

                          Permítanme adjuntar unas reflexiones que escribí hace años sobre las vocales, en este caso sobre la A y la O, definidoras en castellano de los dos géneros: 
                          El sonido de la A hace referencia a lo abierto, a lo grande, a lo total, a lo majestuoso. Y a la sorpresa por el exceso de abundancia, de grandeza. A lo receptivo, a lo acogedor, a lo inmenso. También, en un uso exagerado de palabras con esta vocal nos encontramos con lo excesivamente relajado, lo simple, lo inconcreto. Lo átono. “Quedarse con la boca abierta” es una frase que retrata muy bien esta actitud.
                           El sonido A es claramente femenino. No en vano es la desinencia que, en español, al final de sustantivos y adjetivos, indica el género femenino. Pato/pata. Blanco/blanca. Sin duda, esta diferencia tiene que ver con el sonido A, el más primario y sencillo de todos los que podemos generar con la voz, y de manera francamente amplia, abierta sin límite…

                          La O produce un sonido oscuro, opaco, bajo, contenido, cerrado, poco sutil, quieto, fuerte. Pero representa de algún modo también el reino de lo cotidiano, lo rotundo (redondo), lo definido, lo objetivable. El objeto, el modo, el proceso. Es claramente un sonido yang, activo, engendrador, realizador, lógico, y complejo. Es el mundo de la realidad, el todo, pero un todo paradójicamente no completo (aunque la O lo crea y obsesivamente así lo vocee), no global, sino acumulativo, agregación de cada una de sus infinitas partes.
                          En español es un sonido masculino, evidentemente. En oposición a la A, establece el género masculino en la mayoría de sustantivos y adjetivos. [3] 
                          ¿Se deberían lamentar las y los correctores y correctoras políticos y políticas, deberían protestar por el papel que según lo dicho posee lo femenino (ojo: no la mujer, equívoca y habitual identificación) en la conformación del lenguaje del idioma que compartimos? Ni más ni menos que el concepto puro, la esencia del lenguaje, la matriz de los estados, las categorías, los ámbitos y las sedes de todas y cada una de las circunstancias y de las emociones humanas. Es como si actualmente la mujer rechazara la sabia naturaleza aparentemente pasiva de lo femíneo, absurdamente envidiosa de la prepotente, estúpida y ridícula actividad "protagonística" de lo masculino (no hay más que ver cómo va el mundo). A mí tal función me parece un honor inconmensurable, en sintonía con la grandeza y la trascendental esencialidad de lo femenino, desde el primigenio matriarcado, desde antes de que los olímpicos dioses arrebataran el panteón a las titánicas diosas.

                          ¿Habría de lamentarse y protestar el hombre suspicaz algún día porque hasta las palabras masculinidad, virilidad y hombría sean del género femenino? Qué absurdo.


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                          [1] Chomsky postulaba la existencia de un dispositivo cerebral innato (el "órgano del lenguaje"), que permite aprender y utilizar el lenguaje de forma casi instintiva. Comprobó además que los principios generales abstractos de la gramática son universales en la especie humana y postuló la existencia de una Gramática Universal. (Wikipedia)
                          [2] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2005) Diccionario panhispánico de dudas, Espasa Calpe, Madrid.
                          [3] “La Caverna Sonora” http://goo.gl/w1rm2 (Capítulo todavía no incluido).



                          Titulo y autor -

                          Sobre lenguaje y sexismo

                          Lo que esconden las
                           palabras

                           

                          por Miguel Ángel Mendo

                           


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                          HA ENTRADO EN el BLOG/ARCHIVO de VRedondoF. Soy un EMPRESARIO JUBILADO que me limito al ARCHIVO de lo que me voy encontrando "EN LA NUBE" y me parece interesante. Lo intento hacer de una forma ordenada/organizada mediante los blogs gratuitos de Blogger. Utilizo el sistema COPIAR/PEGAR, luego lo archivo. ( Solo lo  INTERESANTE según mi criterio). Tengo una serie de familiares/ amigos/ conocidos (yo le llamo "LA PEÑA") que me animan a que se los archive para leerlo ellos después. Los artículos que COPIO Y PEGO EN MI ARCHIVO o RECOPILACIÓN (cada uno que le llame como quiera) , contienen opiniones con las que yo puedo o no, estar de acuerdo. ***** Cuando incorporo MI OPINION, la identifico CLARAMENTE,  con la unica pretension de DIFERENCIARLA del articulo original. ***** Mi correo electronico es vredondof(arroba)gmail.com por si quieres que publique algo o hacer algun comentario.
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